Me cuenta mi compañera, María San Martín, una anécdota estupenda que me ha hecho pensar.

Acababa de llegar a Canadá. Estaba recien licenciada y se había plantado en aquel país sin ningún plan; a buscarse la vida.  Un día se encamina a un instituto de enseñanza de italiano a contarles que ella encajaría estupendamente allí: habla italiano muy bien y tiene experiencia. Por desgracia, en aquel momento no tienen ninguna plaza abierta.

Dos días después suena el teléfono. Es la misma persona que conoció en el instituto italiano. Tienen una emergencia y han pensado en ella porque demostró mucha soltura en su entrevista. Necesitan hacer una presentación sobre una película italiana que María no ha visto, dentro de tres horas, a una hora del hostel donde ella se aloja y en inglés.

Y María, que no domina aun la lengua inglesa, se lo piensa unos 15 segundos y les dice que sí, que lo hace. “No llevaba ni dos semanas en Canadá, no le podía decir que no a nada”, dice. Se pasa la siguiente hora y media viendo trozos de aquella película con la conexión compartida del hostel. Y escribe la presentación entera en varias hojas que luego leerá en directo. Se mete en un taxi y cruza la ciudad para llegar justo a tiempo a su cita.

– María, pero tú eso lo hubieras hecho aquí, en España?

– ¡Ni de coña! Lo que ocurre es que allí no tenía nada que perder, lo peor que me podía pasar era salir de allí con el rabo entre las piernas.

Es muy probable que este “ir a Canadá”, este hacer un erasmus, salir de España, escapar de los entornos sociales estáticos en los que nos movemos, haya jugado un papel muy importante en el desarrollo de habilidades que son muy importantes hoy en día. Enfrentarse al fracaso, al riesgo, saber que la vida está en tus manos y que tú puedes decidir hacia dónde quieres llevarla (por lo menos un poco).

También al contrario, probablemente muchas personas nunca han encontrado un territorio libre como éste. Ni fuera de su país ni dentro de él. Y por eso cuando la realidad cambia inesperadamente carecen de esas habilidades y se quedan paralizados. En Ephimera vimos muchos casos como éste en nuestros procesos de selección durante la crisis económica.

Descontando la posibilidad de comprar billetes de avión en masa hacia Toronto, nos queda la opción de crear en cada barrio, en cada ciudad, espacios que sirvan para arriesgarse, donde exponerse a fallar sin miedo y salir de nuestras zonas de comfort.

De todo esto va elpuente.

Pd. Por si a alguien le quedaba alguna duda, a María la llamaron para contratarla a los pocos días de su presentación en aquel instituto italiano. Si le salió bien o mal no tiene importancia.